NOVENA A NUESTRA MADRE DE DESAMPARADOS. DIA NOVENO

En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén." Hoy y siempre la Sma Virgen nos está invitando a unirnos a su oración ante Jesús Eucaristia, Fuente de la verdadera Paz:

REFLEXIÓN
Cultivar la devoción a María
El alma, donde este árbol de la devoción a María se ha plantado, ha de estar, como buen jardinero, sin cesar ocupada en guardarle y mirarle. Porque este árbol que es vivo y debe producir frutos de vida, quiere que se le cultive y haga crecer con el continuo mirar o contemplación del alma. Y éste es el efecto del alma perfecta, pensar en esto continuamente, de modo que sea ésta su principal ocupación. 
Hay que arrancar y cortar las espinas y cardos, que con el tiempo pudieran ahogar este árbol e impedir que diera fruto: es decir, que hay que ser fiel en cortar y tronchar, con la mortificación y violencia a sí mismo, todos los placeres inútiles y vanas ocupaciones con las criaturas; en otros términos: crucificar la carne, guardar silencio y mortificar los sentidos. 
Hay que regar continuamente este árbol divino, con la Comunión, la Misa y otras oraciones públicas y privadas, sin lo cual dejaría de dar fruto.
No hay que acongojarse si el viento le agita y sacude, porque es necesario que el viento de las tentaciones sople para derribarle, y que las nieves y heladas le rodeen para perderle; es decir, que esta devoción a la Santísima Virgen, necesariamente ha de ser acometida y contradicha; pero con tal que se persevere en cultivarla nada hay que temer. 
Su fruto duradero: Jesucristo. 
Si así cultivas tu Árbol de la Vida, recientemente plantado en ti por el Espíritu Santo, yo te aseguro, alma predestinada, que en poco tiempo crecerá tan alto, que las aves del cielo harán morada en él y vendrá a ser tan perfecto que dará a su tiempo el fruto de honor y de gracia, es decir, el amable y adorable Jesús, que siempre ha sido y siempre será el único fruto de María.
Dichosa el alma en quien está plantado el Árbol de la Vida, María; más dichosa aquella en que ha podido crecer y florecer; dichosísima aquella en que da su fruto; pero la más dichosa de todas es aquella que goza de su fruto y lo conserva hasta la muerte y por los siglos de los siglos. Amén. 

Pedir la gracia que se desea alcanzar y repetir desde el corazón esta jaculatoria:¡MADRE MÍA, AMPÁRANOS!ORACION FINALMadre de desamparados... ¡Rezad con María!" (Madre Concepción)

(Nota: las reflexiones de esta novena son estractos de "El secreto de María" de San Luis María Grignon de Monfort)

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