HERMANADOS EN JESÚS EUCARISTÍA

Muy queridos Hermanos del Grupo de Oración

Es necesario nacer de nuevo, nacer de lo Alto para ver el Reino de Dios. Así nos lo dice Jesús en el Evangelio “el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios… Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu” (cf. Jn 3,5-6).

Nosotros todos: Uds. como grupo de laicos que buscan a Dios a través del camino de la oración y nosotras, religiosas consagradas a la Adoración del Smo. Sacramento, hemos nacido en el Espíritu, en el seno de la Iglesia, del Amor incondicional a la Eucaristía de una mujer laica. Una laica, que en reiteradas ocasiones no dudó en ofrecer su vida a Dios, más que a su servicio… poniéndola a su entera disposición, por el rescate de las almas… y así lo hizo hasta el final de sus días y en plena consciencia de lo que ello podía significar.

Estamos en vísperas de la celebración de Corpus Christi, la celebración del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Vivo y presente en la Eucaristía. ¿Cómo no dar especiales gracias a Dios en este día? ¿Cómo no acompañarle en la Solemne Procesión en su honor? Como no hacer memoria de su paso por nuestras vidas, cómo llegamos a conocerlo, cómo aprendimos a amarlo y adorarlo, cómo sentimos su presencia cada día?...

Dios, a través del Amor a la Eucaristía de nuestra Madre Fundadora, nos ha unido y hermanado estrechamente en una misión tan actual como hermosa: la de dar a conocer este Sublime Misterio: Él está aquí, caminará en nuestras calles dentro de la gran Custodia, Él nos espera en cada Iglesia, en cada Sagrario… Dios está Vivo: La Eucaristía es Cristo Vivo, Dios y Hombre verdadero!...

No dejemos que esta Fiesta se nos pase por alto. Detengámonos al menos un instante para poder sentir el amor del Señor que en su misericordia, nos ha llamado a nacer de nuevo, a nacer del Espíritu, que nos ha reunido y unido en este carisma eucarístico. No olvidemos que esta dimensión espiritual es la que nos abre a lo infinito, a la trascendencia, a la posibilidad de elevarnos por encima de nosotros mismos y ser capaces de conocer y de amar a Dios!...

El día a día, con sus exigencias y sus urgencias, con sus prioridades no siempre tan prioritarias, con sus ofertas y demandas continuas, con su capacidad para devorar el tiempo y su habilidosa manía de hacernos sentir “necesarios full time” nos convierte por momentos en hombres y mujeres aparentemente muy libres a la hora de decidir, pero en el fondo, tremendamente condicionados, temerosos, empequeñecidos, inquietos… ¿por qué?... Porque continuamente estamos “trabajando para el afuera”, entretenidos… sí, a veces, pero no plenos… contentos… sí, a veces, pero no felices... dueños de la libertad, sí, pero no necesariamente libres!… Que necesidad tenemos de esa quietud, de esa paz profunda del corazón… Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín)

Corpus Christi para nosotros, queridos hermanos en Jesús Eucaristía y en Madre Concepción, es una oportunidad: Miremos la Eucaristía, contemplemos el misterio de un Dios que quiso quedarse con nosotros todos los días hasta el fin del mundo y pensemos cuál es el mensaje que quiere dejarnos. Porque hay un mensaje para cada uno, hay un Dios vivo queriéndose comunicar con nosotros, hay una posibilidad de dar un vuelco en nuestra existencia y comenzar a cambiar la mirada.

Queremos compartir esta oración de nuestra Madre Fundadora, una oración de quietud ante el Sagrario, sencilla y profunda, fruto de su experiencia de comunicación continua con ese Dios Real y concreto, Vivo en la Eucaristía. Una oración de contemplación, para rezarla despacio, desde lo más íntimo de nuestro corazón. Una oración que descansa el espíritu y nos pone en diálogo con nuestras aspiraciones humanas más profundas.

Señor, te amo.
Aquí estoy Señor, en paz.
Ahora descanso…
Descanso en Ti…
Solo estoy para adorarte y servirte.
Lo que mandes Señor...
¡Qué paz estar contigo!
Todo lo demás pierde sentido,
no tiene importancia.
Estoy confiada en Tí,
estoy entregada a Tí...
Gracias Señor por darme este momento...
Gracias por darme este alimento...
Porque esta paz me alimenta y me da fuerza...
Aquieta mi cabeza, serena mi corazón...
Señor, aquí estoy, en silencio ante el Sagrario.
Señor, te amo...
Gracias por darme este momento en tu Paz
Aquí estoy, te adoro en silencio. Haz de mi tu canal.
Amén

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