CARISMA

Somos un Instituto religioso en formación fundado en la Arquidiócesis de Rosario (Argentina) en 1990 por la Madre Concepción Marqués. Nuestro carisma es la adoración continua a Jesús Sacramentado y en torno a Él gira nuestra vida personal y comunitaria.

La adoración eucarística, que encuentra siempre su fuente y su cima en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, (RS. 129) es la esencia que da forma a nuestro estilo de vida y a todo el apostolado que podamos realizar. Nos apartamos del mundo para consagrarnos enteramente a Dios, para adorarlo continuamente, y esto se expresa también en la forma que organizamos nuestro día. Los turnos de adoración ante Jesús Sacramentado, que se prolongan sin interrupción, a lo largo de toda la jornada, hacen patente la centralidad de la Eucaristía en nuestras vidas.

Servimos a Dios ante todo con la oración, simplemente porque es la forma más pura y personal de encontrarnos con Él, y es también, el servicio más noble que podemos ofrecer a nuestros hermanos.

Una vida de fiel seguimiento se construye con la total entrega del ser, y es por ello que recibimos una formación que procura integrar la mente y el corazón en el marco de una vida en fraterna comunión, en un clima de silencio y sencilla austeridad. Vivimos de la caridad y del trabajo que podamos realizar, confiadas siempre en la Providencia de Dios. Desde hace ya varios años recorremos las calles de más de diez ciudades de la zona ofreciendo nuestros productos de repostería artesanal, que ya son muy conocidos. Además hacemos rosarios, ornamentos, pintura sobre tela, etc.

Con la mirada dirigida a Dios, nuestra vida tiene la simplicidad de la ofrenda, del Pan y del Vino. Es sencilla, sin dobleces, llana, como llana es la Hostia que se levanta en cada Misa y se entrega en su pureza al Padre Eterno…

Oración y trabajo se alternan y marcan un ritmo, un movimiento que evoca el orden del Universo dirigido por el Creador, que quiere llevarnos al orden primero, a la creación recién salida de sus manos…

Vivimos nuestra Consagración con la sencillez que irradia el Evangelio, con naturalidad, sin cosas raras. Así es la vida de nuestra Fundadora y la luz de sus ejemplos ilumina nuestra vivencia cotidiana, nuestra relación con Dios, la relación entre nosotras y con todo el mundo. Amor, respeto, alegría, sencillez, a imitación de la Santísima Virgen. Tratando de ver y entender el lenguaje de Dios, que nos habla a todas horas,

tratando de cumplir en todo momento Su voluntad.

La Transustanciación que hace que el Pan y el Vino sean verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo análogamente transforma también nuestra vida, personal y comunitaria para hacernos alimento para nuestros hermanos.

Nuestra vida se modela en la Eucaristía, celebrada y adorada, y en ella descubrimos también la misión social, que sólo puede madurar por medio del encuentro personal con el Señor en la Comunión y en la adoración.

-La Eucaristía que es Cristo Vivo, nos hace almas contemplativas, extasiadas ante la belleza del Esposo.

-La Eucaristía, que es sacrificio, nos une a la ofrenda de Cristo al Padre en la Cruz y nos hace colaboradoras espirituales para el mundo.

-La Eucaristía, que es Acción de gracias, al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo, nos hace sacrificio de alabanza.

-La Eucaristía, que es comunión, nos llama continuamente a la unión con Dios, y en El, con todos los seres humanos.

-La Eucaristía, que es alimento del alma, nos hace pan partido y repartido, para todos los hombres.

-La Eucaristía, que es fuente de la Vida, del Amor y de la Gracia, nos hace canales suyos para el mundo

-La Eucaristía, que contiene todo el bien espiritual y toda misión social, nos hace almas misioneras, dispuestas a llegar hasta los confines del mundo (por la oración y por la acción que encuentran su síntesis en la Eucaristía)

Nuestra misión se abre al mundo y puede partirse como se parte el Pan de la Eucaristía, sin dejar de ser lo que es: Eucaristía siempre, aun en la mínima partícula; Cristo aquí y ahora siempre…

Adoratrices de la Eucaristía… Nada más y nada menos que Adoratrices de un Dios Vivo… Nuestro campo de acción es el mundo entero” (Madre Concepción)

ESPIRITUALIDAD

Nuestra espiritualidad se centra, como queda expresado, en la Eucaristía y a través de ella descubrimos la dimensión Trinitaria, Cristológica y eclesial de nuestra vocación.

Enraizada en la adoración constante a Jesús Sacramentado, hay algunos rasgos fundamentales que la definen:

· Almas de oración, interiores y recogidas.
· Especial amor y devoción a la Sma. Virgen: “Rezar con María”
· Vida de oración y amor al trabajo (philergia)
· Amor, respeto y alegría en la observancia regular.
· Silencio interior y exterior
· Guarda de los sentidos
· Formación integral (humana, moral, doctrinal y espiritual) a la luz del Evangelio, del Magisterio, de los santos Padres y del propio carisma.

· Formación y práctica en los caminos de oración de Santa Teresa de Ávila
· Formación ascética, sacando defectos e implantando virtudes.
· “Limpieza de corazón, amor a la verdad, humildad, humildad, humildad” (Madre Fundadora)
· Amor y fidelidad a la Santa Madre Iglesia
· Adhesión sincera al Magisterio y fidelidad al Santo Padre como Vicario de Cristo

La santidad es un esfuerzo personal de reflexión y oración” (Madre Concepción)

Tienen que ser mujeres fuertes, mujeres de convicciones sólidas, y con un gran corazón de madre…” (Madre Concepción)

APOSTOLADO

Nuestro aporte a la Iglesia y al mundo será siempre primera y principalmente espiritual.

Nuestro Instituto se propone, en relación a sus miembros:

· La santificación personal
· La profundización constante en la vivencia del Bautismo
· La formación y el crecimiento de la virtud de la caridad tanto en el amor a Dios como al prójimo
· El desarrollo personal, a través de una formación integral, a la luz del Evangelio, del Magisterio de la Iglesia, y del propio carisma, con el fin de llegar a una más completa madurez humana, moral y espiritual.

En relación a la Iglesia y al mundo:

· Promover la santidad y las exigencias de la consagración bautismal por medio de la oración, los ofrecimientos, el testimonio de vida y principalmente la catequesis.
·Fomentar la oración como vínculo de unidad entre los hombres.
· Propiciar iniciativas espirituales tales como la formación de almas de oración, convivencias espirituales, jornadas de reflexión y oración, etc.

· Fomentar el amor a la Iglesia, la vida de fe, los sacramentos, el culto y la devoción eucarística.
· Revalorizar el trabajo como un bien útil e idóneo para expresar y acrecentar la dignidad humana estimulando el sentido de la responsabilidad respecto al tiempo presente a partir del ejemplo de la propia vida de los miembros en solidaridad con todo el género humano.
· Difundir la cultura católica y el arte religioso mediante la instrucción y las obras de trabajo manual artesanal que se puedan realizar.
· Promover el desarrollo humano integral como expresión de la dimensión social de nuestra misión
· Y otras obras de apostolado que puedan surgir acordes a los fines del Instituto.

Transmitir ese Pan de Vida que es Fe y es Eucaristía, esa es nuestra vocación, ese es nuestro apostolado…
Nosotras estamos en el mundo sin ser del mundo, por amor a Dios y a las almas” (Madre Concepción)

EN RELACIÓN A LA IGLESIA Y AL MUNDO

Nuestra vida de adoración ha de ser una ofrenda continua y renovada, unida al único ofrecimiento de Cristo, que dio su Cuerpo y su Sangre por todos. “Nuestra vida tiene que ser una continua Misa, ofrecida por todos los hombres.” (Madre Concepción)

Tratemos de comprenderlo mejor:

A la Santa Misa le llamamos “Sacrificio de la Misa” porque es la renovación del Sacrificio del Calvario. El Sacrificio de la Misa prolonga a través del tiempo el Sacrificio del Calvario (la presencia de un crucifijo en el altar o cerca de él, nos recuerda esa realidad).

Esta prolongación es posible por la TRANSUBTANCIACIÓN, por ese maravilloso y único milagro que ocurre en cada Misa, cuando el Pan y el Vino, conservando sólo su apariencia, se convierten verdaderamente, sustancialmente, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se ofrece al Padre (de manera incruenta pero no menos real) para nuestra salvación. El sacrificio es uno, la Misa lo actualiza, lo renueva para nosotros, lo hace presente (en el sentido más profundo del término)

Milagro por el que Jesús hace efectiva sus palabras: “Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20) y que nos permite a nosotros, hombres y mujeres de cualquier tiempo y lugar, unirnos a Su Sacrificio y ofrecernos también con El, por El y en El, al Padre…. Y a diferencia de los del Antiguo Testamento, nuestro ofrecimiento unido al de Cristo, tiene valor de Redención…

La Misa nos acerca al Presente continuo de Dios, nos saca del tiempo (que es nuestro gran “invento”) para introducirnos en otra dimensión: en la dimensión de lo eterno, de la Presencia plena, de la Vida… El tiempo fragmenta la presencia, el tiempo nos divide, el tiempo nos des-integra: En Dios todo es plenitud. En la medida que profundizamos en la unión con El se borran los límites, las divisiones, las ausencias, las distancias: la Vida sigue venciendo a la muerte... Contrariamente a lo que se pueda pensar, la unión con Dios nos conduce a la más plena y absoluta libertad de espíritu. Un alma transformada por la gracia de Dios es una fuerza, una potencia, y adquiere también ese poder transformador de cuanto le rodea, porque se vive con la cabeza en el cielo, pero sin dejar de tener los pies en el suelo, sin dejar de estar “parados” y “comprometidos” con la realidad de cada día…

Nos integramos, nos unimos, nos hacemos presente y presencia para el otro, estamos ahí a su lado siempre, como siempre está a nuestro lado Jesús, el Hijo, por el Espíritu… y quien es el Espíritu?... El Espíritu es el AMOR… Allí está el resumen y la clave que San Juan expresó magistralmente: DIOS ES AMOR… (1Jn 4, 16).

Y he ahí nuestra vocación y nuestra vida.
¿Quieren conocerla un poquito más?

¿QUÉ ES?
"Ven conmigo, a donde Yo estoy, en ti mismo, y te daré la clave de la existencia. Donde yo estoy, está eternamente el secreto de tu origen (...). ¿Dónde están tus manos, que no estén las mías? ¿Y tus pies, que no estén clavados en la misma cruz? ¡Yo he muerto y he resucitado una vez para siempre! Estamos muy cerca el uno del otro (...). ¿Cómo puedes separarte de mí sin arrancarme el corazón?"
(Paul Claudel, La Messe là-bas)

Es SACRIFICIO DE ALABANZA

El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia” (Ordinario de la Misa)

La palabra Sacrificio significa “hacer sagrada” una cosa (sacra = sagrada; fácere = hacer).

Nuestra vida es un sacrificio de alabanza, unido inseparablemente al ofrecimiento del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, que se ofrece al Padre para la redención (el perdón) de todos los pecados de todos los hombres, “para devolverle a Dios las almas a las que tiene derecho” (Madre Concepción)

¿Cómo redime Dios al hombre? Con su Humanidad Cristo nos enseña que todo fue a costa de sacrificios (¡Y era Dios!), de esfuerzos, de renuncias, de muerte en cruz, de respeto. ¿Cómo nos pide a nosotros el rescate y la Redención?... Mediante la cruz… Pero la Cruz con Cristo… Una adoratriz es inseparable del Cristo de la Cruz… Sin la cruz no estamos adorando” (Madre Concepción)

Es MEMORIAL

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo” (De la Plegaria Eucarística III)

En la Última Cena dijo Jesús: “Haced esto en memoria mía”. Es connatural al corazón humano desear conservar el recuerdo de las personas a quienes hemos amado. Nuestro Señor Jesús nos ha dejado también un memorial de sí mismo como sólo Dios podía hacer: su presencia viva que diariamente viene a nosotros en la Santa Misa.

En la Misa no sólo recordamos su Pasión y Muerte, sino también la Resurrección y la Ascensión a los cielos.

Nuestra vida, como prolongación de la celebración y comunión eucarística, ha de ser para los hombres, memoria de la obra redentora de Cristo Jesús. Somos SUS TESTIGOS para el mundo, un recuerdo vivo de su presencia salvadora en la cruz y su presencia real, pero oculta en la Eucaristía. Es parte esencial de nuestra misión. Nuestro hábito religioso, es un signo para el mundo.

“Tienen un compromiso muy grande, grandísimo… ¡Son Esposas de Cristo!... Vayan y den testimonio de Dios en todas partes” (Madre Concepción)

Es BANQUETE
Tomad y comed todos de él, porque esto es Mi Cuerpo, que será entregado por vosotros” “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de Mi Sangre...” (Consagración de la Misa)

Nuestra vida es un banquete sagrado. En ese banquete Jesús nos alimenta con su propio Cuerpo y Sangre, como había prometido

en Cafarnaún:
“Yo soy el pan de vida: el que viene a Mí no tendrá hambre; y el que cree en Mí no tendrá sed jamás...

Y nos da la misión de hacernos nosotras también PAN, para todos los hombres,
de alimentar al pueblo de Dios., alcanzándoles el Pan de Vida, el Pan de la Eucaristía…
Jesús se compadece de la multitud y nos dice “Dadle vosotras de comer”
Nos envía con su Pan al mundo (sin ser del mundo). Nos envía a alcanzarles a cada uno (sin distinción) “el Pan de la Fe y el Pan de la Eucaristía” (Madre Concepción) el anuncio de la salvación, su Palabra. EL AMOR…
Jesús nos da su Cuerpo y Sangre, lo multiplica sin medida, y nos envía a llevarlo a los hombres, a todos los hombres… MISIONERAS DE LA EUCARISTIA…

Bajo las apariencias del Pan, estamos llevando a Cristo Vivo. Aún nuestro recorrer las calles y pueblos con las canastas evoca a los apóstoles repartiendo el Pan a la multitud. En el Pan se les estaba dando el mismo Cristo Vivo.

“Mis queridas hijas, no solamente tiene que “nacer” Cristo en nuestros corazones, sino que tiene que manifestarse al mundo en nosotras… ¿no es ese nuestro más grande apostolado? Ser CUSTODIAS VIVIENTES que exponen ante los ojos del mundo a Jesús, al Pan de Vida, a la Verdadera Vida…” (Madre Concepción)

¿PARA QUÉ?

“¡Alabar y dar gloria a Dios en esas horas benditas de Sagrario! Esa es nuestra misión…
Las adoratrices tienen que estar continuamente adorando, (esa es nuestra forma de pedir ayuda, de interceder) después El sabrá qué hacer con esa adoración… A esta sublime misión han sido llamadas. Como los Ángeles, que están continuamente adorando y dando Gloria a Dios… Y el Señor se comunica a través de ellos, de modo que esa adoración no se pierde, al contrario: los hace CANALES por los que El obra… En ningún momento dejan de adorar, aunque vengan en nuestra ayuda. … En esta época el Señor nos sigue diciendo “Callad y orad”, Callad y orad”… Y es el Señor quien obra a través de esa adoración…Debemos dejar pasar a Dios a través nuestro, El es el único que puede, nosotras no podemos nada…” (Madre Concepción)

PARA ALABAR

Unidas a Cristo, el gran liturgo, y a su Iglesia, nuestra vida es sacrificio de alabanza: a través de la liturgia, a la que procuramos dar el mayor esplendor, con el canto, (algunos en latín), la música, los ornamentos sagrados, el buen gusto en el adorno.

En la participación en cada Misa, en la devoción del corazón, en el rezo concentrado y atento de la Liturgia de las horas, en los momentos de silenciosa adoración ante el Santísimo Expuesto, en todo procurar alabar y dar gloria a Dios…

PARA DAR GRACIAS

Unidas a Cristo Eucaristía (EUCARISTÍA (de εὖ bien y χάρις, -ιτος gracia): sacrificio de acción de gracias) nuestra vida, no puede ser sino CONTINUA ACCIÓN DE GRACIAS al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo.

En la sencilla cotidianidad, en la alegría y el amor con que emprendemos nuestras tareas diarias, en el cumplimiento fiel de nuestros votos, en el respeto y el amor de unas a otras y a todos los hombres, en la gratuidad del servicio, en el trabajo hecho por amor a Dios…
PARA PEDIR PERDÓN

Unidas a Cristo Sumo y Eterno sacerdote, nuestra vida es continua súplica. De rodillas ante el manantial del Amor y de Misericordia, estamos llamadas a implorar continuamente el perdón de los pecados (los propios y los de todos) y ofrecernos en reparación por las ofensas hechas a un Dios infinitamente bueno y justo.

En las pequeñas renuncias de cada día, aún de lo lícito y bueno, en la penitencia callada; en el desprendimiento; en la entrega que duele, pero salva; en el ofrecimiento de los imponderables de cada día, en la aceptación tranquila de la Voluntad de Dios, a imitación de la Sma. Virgen…

PARA PEDIR AYUDA

Unidas a Cristo que nos dijo “todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá”, nuestra vida es oración continua a los pies del Santo Altar ofrecida por las necesidades espirituales y materiales del mundo entero y concretamente por todas las intenciones que nos encomiendan.

En las intenciones de cada Misa celebrada en el Convento, en la adoración continua que se prolonga por turnos durante todo el día, en el clamor callado y sereno de nuestra vida silenciosa…

Las esposas de tu alma
son mi preciado tesoro
que te ofreceré en bandeja
como Corona de Oro.
Al peso de tal corona
que nimba tus puras sienes
¡Oh, Señor de mis amores,
Bendícenos, aquí nos tienes!

Aumenta tu palomar
con blancas, dulces palomas.
Y haremos de este lugar
trabajando sin cansancio
y rezando sin cesar
el más hermoso Palacio
que te puedas figurar.

A tus pies consagradas
te aguardan tus muy amadas
nos des tu conformidad.


(Madre Concepción. Del “Requiebro de Amor a Jesús”)

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